Una costumbre argentina cada vez más frecuente es la de viajar a Cuba para rascarse los huevos en hoteles y playas y después, al llegar de vuelta, asumir la obligación de comentar a vecinos y amistades "cómo es realmente la realidad real en Cuba".
Se suele dar, entonces, una situación típica y conocida: en el transcurso de la ritualísima y sagrada conversación que se desarrolla durante una cena criolla siempre aparece algún allegado que, con cara de iluminado, te dice: "Mirá, te cuento cómo es porque yo allá me hice amigo de un guía de turismo cubano que por dos dólares me llevó a pasear por toda la isla y el tipo me la cantó justa y... blah, blah, blah..." y ya escuché tantas veces lo mismo que me empiezo a aburrir hasta que se me arruga el ombligo y se me arruina la cena porque yo quería comentar lo increíble que es Palermo errando goles cantados y embocando los imposibles pero no, la reputa que lo parió, sigue hablando de Cuba y la conchísima virgen que lo parió a Fidel, a Huber Matos, a Cienfuegos y al Che.
----- Disgresión al paso: Mi madrina vive en el mismo edificio rosarino de la esquina de Entre Ríos y Urquiza donde dicen que nació el Che. De joven pasé varios días entre esas paredes pero nunca me dijeron que iba a ser un lugar histórico. En realidad creo que el Che nació en Alta Gracia y vino a Rosario a pasar los tres primeros meses de vida y después se fue a la mierda y nunca más volvió. Pero los rosarinos, como buenos putarracos, dicen que el Che nació en Rosario y que es más rosarino que Olmedo. Están drogados. Hasta una plaza le hicieron.----- Fin de la disgresión.
Lamentablemente, hay una variante más pesada e insoportable de los comentarios sobre la "realidad real" en Cuba. Es la que llevan a cabo los fieles seguidores de cierto liberalismo económico y devotos de Ayn Rand. En el último asado (domingo a las 10 de la noche, llueve y relampaguea sobre Rosario) intervino un típico forrito argentino de aquellos que, argumentándose en la falta de derechos civiles en la isla de Fidel, te quieren vender las bondades del liberalismo a ultranza como único sistema posible de progreso social. Me cago en él. Qué ganas de arruinarme el asado. Yo seguía pensando en el gol que erró Palermo y me salió con esa mierda de discurso justo en el momento en que el mozo retiraba la fuente vacía de chinchulines para dejar lugar a la de la tira de asado que se avecinaba jugosa. Momento sublime en cualquier asado. Momento sublime arruinado por ese pajero mental que cree que hay un sistema único para todo, que no puede haber grises y matices. Pajero mental que no entiende que para cada circunstancia y lugar hay una serie de hechos que encajan pero que si los sacás de ese contexto se convierten en disparates. Pajero pelotudo que no entiende mi enojo porque Riquelme le da un pase exquisito a Cardozo y éste le devuelve un misil con forma de ladrillo. Creo que Cardozo es el jugador que más he puteado después de Gracián.
Por suerte, graciadió, no había presente ningún patético comensal de aquellos que, basándose en las desigualdades que provoca el liberalismo, salen defendiendo el método cubano como si fuera la antesala del paraíso. Si había alguno creo que prefirió tragarse sus palabras cuando escuchó brotar de mi boca una puteada feroz dirigida hacia la pantalla de TV donde, en Fútbol de Primera, reproducían la jugada de Cardozo.
lunes, 25 de febrero de 2008
miércoles, 20 de febrero de 2008
Vacuum Tube
De vez en cuando me ataca pero hoy me atacó más fuerte que nunca: Todo me importa un carajo. No tengo ganas de nada. Ni odio siquiera tengo. Toda alusión al entusiasmo me suena hueca, vacía, voluntariosa al pedo. Si el mundo se terminara hoy me daría lo mismo que si fuera eterno. Aunque esta noche juegue Boca. Me da lo mismo.
Hasta ayer estaba harto y amargado por el trabajo que tengo y hoy no me importa. Voy a ir a trabajar con la misma actitud con la que me rasco los huevos mientras miro el canal Retro.
Ni siquiera angustia siento. Si sintiera algo, podría decir que padezco de "angustia existencial". Pero no, no siento un joraca. Me parece que "vacío existencial" sería más preciso. No sé. Me da lo mismo. Me importa un sorete.
Hasta ayer estaba harto y amargado por el trabajo que tengo y hoy no me importa. Voy a ir a trabajar con la misma actitud con la que me rasco los huevos mientras miro el canal Retro.
Ni siquiera angustia siento. Si sintiera algo, podría decir que padezco de "angustia existencial". Pero no, no siento un joraca. Me parece que "vacío existencial" sería más preciso. No sé. Me da lo mismo. Me importa un sorete.
sábado, 2 de febrero de 2008
Gerentitas
¿Qué es lo que hace que en ciertas empresas corporativas haya niveles gerenciales ocupados por pendex tan pendejos que parecen salidos de un viaje de egresados? Para colmo, ostentan títulos de nivel terciario tan calamitosos como "Licenciado en Transacciones Sociales y Corporativas". Título que obtuvieron después de cursar dos años y medio en una impresentable "Universidad Abierta de la Loma Interamericana".
Me cago en la mierda: antes había que deslomarse estudiando una carrera de seis ú ocho años, conseguir un laburo, pagar derecho de piso durante un buen tiempo y, después de unos cuantos golpes, podías llegar ocupar una gerencia intermedia a los 35 ó 40 años. Ahora te topás con éstos pelotuditos y pelotuditas de 23 añitos en cualquier cubículo-escritorio de cualquier piso de cualquier corporación.
Durante el 2007 se me presentaron dos oportunidades laborales internas en la misma corporación de mierda donde trabajo. Me presenté en ambas y en ambas llegué a la entrevista final con la que sería mi jefa. La última de las entrevistas fue lamentable: cuando llegué al lugar de la cita encontré a una pendeja que parecía una compañera del colegio de mi hija. Para colmo, no estaba sentada detrás del escritorio en posición de espera sino que estaba parada acomodando boludeces sobre un estante. Pensé que era una encargada de la limpieza ó una secretaria recién iniciada muy aplicada. Pero no. No era ninguna de las dos. Esa pendeja era la gerenta. La gerentita.
No tenía más de 23 años la pelotuda y, de entrada, se notó que la cosa no iba andar. Primero porque se dio cuenta de que la había confundido con alguien de menor rango y, segundo, porque era obvio que la mina esperaba un machito apenas mayor que ella, un pendex peinado con gel y recién salido del gimnasio. Y caí yo. ¿Quién quiere, a los 23 años, tener como subordinado a alguien que le lleva 30 años, semicalvo y medio panzón? Nadie.
De cualquier manera, siguiendo las reglas básicas de la cortesía, desarrollamos la entrevista yendo por los carriles acostumbrados y cumpliendo cada uno con su papel: ella simulando estar interesada en mi pasado laboral y yo simulando estar reinteresado en tenerla a ella como jefa y guía.
En un momento de la conversación, todavía no sé por qué carajo, se me ocurrió mencionar el efecto Tequila. La pendex comenzó a mirarme como si yo estuviera enunciando la Teoría del Campo Unificado de Einstein... Claro!... Yo también soy más pelotudo que De La Rúa: El Tequila ocurrió en 1995 y, para esa época, la actual pendeja era apenas una nena de 11 años! Ni la primera menstruación había tenido la estúpida en esos días.
Los días del Tequila fueron aquellos de 1995 en los que yo lloraba de rodillas ante un gerente de cuenta corriente de un banco para que me diera un día más de plazo para tapar mi descubierto. ¡Sólo un día le pedía la reputísima yegua que lo parió! ... Y no me lo dió. Y así me fundí. Y así tuve que mendigar un laburo de mierda en una corporación de mierda que paga sueldos de mierda y presta un servicio de mierda. Me cago en la mierda.
No sé cómo salí del quilombo de la conversación sobre el Tequila. Supongo que ya habrán adivinado que no obtuve el puesto. Se lo dieron a un pendejo de gel y gimnasio que, seguramente, se estará haciendo una paja soñando con cogerse a la gerentita.
Las corporaciones están llenas de estos pelotuditos que se comunican mediate emails mal redactados plagados de errores de ortografía. Pendejos que no conciben el mundo sin Messenger pero prestan servicios a millones de clientes que se manejan con otros códigos. Códigos de hace sólo doce años. No hace doce siglos. Sólo doce años.
Hace doce años no había celulares, ni internet, ni Messenger. Pero estos conchudos no lo saben. Ignoran la existencia de cualquier acontecimiento que no hayan visto por la tele. No saben de Guerras Frías, ni de Comunismo, ni de Cortina de Hierro, ni de rock and roll, ni de hippies, ni de Lennon y McCartney. No saben de Woodstock, ni del Cordobazo, ni de Firmenich, ni de Videla. No saben de Rucci, ni de la AAA. No saben quién fue Billy Bond, ni saben quiénes fueron Cámpora y López Rega. Tampoco saben quién fue Leloir ni quién fue Favaloro. Ni los goles de Maradona vieron los muy putos. No saben nada. Pero los eligen para ocupar esas gerencias de mierda donde deciden sobre mi destino, mi sueldo y mi futuro.
Qué mundo de mierda carajo.
Me cago en la mierda: antes había que deslomarse estudiando una carrera de seis ú ocho años, conseguir un laburo, pagar derecho de piso durante un buen tiempo y, después de unos cuantos golpes, podías llegar ocupar una gerencia intermedia a los 35 ó 40 años. Ahora te topás con éstos pelotuditos y pelotuditas de 23 añitos en cualquier cubículo-escritorio de cualquier piso de cualquier corporación.
Durante el 2007 se me presentaron dos oportunidades laborales internas en la misma corporación de mierda donde trabajo. Me presenté en ambas y en ambas llegué a la entrevista final con la que sería mi jefa. La última de las entrevistas fue lamentable: cuando llegué al lugar de la cita encontré a una pendeja que parecía una compañera del colegio de mi hija. Para colmo, no estaba sentada detrás del escritorio en posición de espera sino que estaba parada acomodando boludeces sobre un estante. Pensé que era una encargada de la limpieza ó una secretaria recién iniciada muy aplicada. Pero no. No era ninguna de las dos. Esa pendeja era la gerenta. La gerentita.
No tenía más de 23 años la pelotuda y, de entrada, se notó que la cosa no iba andar. Primero porque se dio cuenta de que la había confundido con alguien de menor rango y, segundo, porque era obvio que la mina esperaba un machito apenas mayor que ella, un pendex peinado con gel y recién salido del gimnasio. Y caí yo. ¿Quién quiere, a los 23 años, tener como subordinado a alguien que le lleva 30 años, semicalvo y medio panzón? Nadie.
De cualquier manera, siguiendo las reglas básicas de la cortesía, desarrollamos la entrevista yendo por los carriles acostumbrados y cumpliendo cada uno con su papel: ella simulando estar interesada en mi pasado laboral y yo simulando estar reinteresado en tenerla a ella como jefa y guía.
En un momento de la conversación, todavía no sé por qué carajo, se me ocurrió mencionar el efecto Tequila. La pendex comenzó a mirarme como si yo estuviera enunciando la Teoría del Campo Unificado de Einstein... Claro!... Yo también soy más pelotudo que De La Rúa: El Tequila ocurrió en 1995 y, para esa época, la actual pendeja era apenas una nena de 11 años! Ni la primera menstruación había tenido la estúpida en esos días.
Los días del Tequila fueron aquellos de 1995 en los que yo lloraba de rodillas ante un gerente de cuenta corriente de un banco para que me diera un día más de plazo para tapar mi descubierto. ¡Sólo un día le pedía la reputísima yegua que lo parió! ... Y no me lo dió. Y así me fundí. Y así tuve que mendigar un laburo de mierda en una corporación de mierda que paga sueldos de mierda y presta un servicio de mierda. Me cago en la mierda.
No sé cómo salí del quilombo de la conversación sobre el Tequila. Supongo que ya habrán adivinado que no obtuve el puesto. Se lo dieron a un pendejo de gel y gimnasio que, seguramente, se estará haciendo una paja soñando con cogerse a la gerentita.
Las corporaciones están llenas de estos pelotuditos que se comunican mediate emails mal redactados plagados de errores de ortografía. Pendejos que no conciben el mundo sin Messenger pero prestan servicios a millones de clientes que se manejan con otros códigos. Códigos de hace sólo doce años. No hace doce siglos. Sólo doce años.
Hace doce años no había celulares, ni internet, ni Messenger. Pero estos conchudos no lo saben. Ignoran la existencia de cualquier acontecimiento que no hayan visto por la tele. No saben de Guerras Frías, ni de Comunismo, ni de Cortina de Hierro, ni de rock and roll, ni de hippies, ni de Lennon y McCartney. No saben de Woodstock, ni del Cordobazo, ni de Firmenich, ni de Videla. No saben de Rucci, ni de la AAA. No saben quién fue Billy Bond, ni saben quiénes fueron Cámpora y López Rega. Tampoco saben quién fue Leloir ni quién fue Favaloro. Ni los goles de Maradona vieron los muy putos. No saben nada. Pero los eligen para ocupar esas gerencias de mierda donde deciden sobre mi destino, mi sueldo y mi futuro.
Qué mundo de mierda carajo.
miércoles, 9 de enero de 2008
Question
Hago una pregunta a las féminas que se asoman por aquí (si es que se asoma alguna): ¿Puede una mina re encajetada con un tipo abandonarlo en pos de un objetivo más seguro y estable? (entiéndase económicamente, socialmente, etc.)
Ya sé que lo que pregunto es una obviedad más boluda que Lita de Lazzari. Pero lo pregunto igual. Porque todo se recicla, todo vuelve a suceder. Toda historia se repite. Nadie aprende un carajo de nada de lo que está ya escrito, probado y comprobado.
Me cago en la mierda.
Ya sé que lo que pregunto es una obviedad más boluda que Lita de Lazzari. Pero lo pregunto igual. Porque todo se recicla, todo vuelve a suceder. Toda historia se repite. Nadie aprende un carajo de nada de lo que está ya escrito, probado y comprobado.
Me cago en la mierda.
martes, 8 de enero de 2008
Gin Tonic y Morochas

Hay dos o tres versiones sobre la invención del Gin Tonic. Yo elijo aquella que dice que durante la ocupación de la India los soldados ingleses se enfermaban de malaria. El único remedio conocido en ese entonces era la quinina, un alcaloide amargo como la puta que lo parió. Los soldaditos ingleses, para poder tragarla, la mezclaban con azúcar y agua. Esa mezcla era conocida como agua tónica. Para hacerla más digerible y divertida le empezaron a agregar una parte de Gin (o Ginebra, no sé). De ahí fue naciendo el famoso Gin Tonic: mezcla de amargo y alcohol buenísima a la hora del crepúsculo acompañando saladitos y aceitunas.
Ya sé, lo mío es mersa. Pero un buen Gin Tonic con saladitos, un fondo de canciones de Al Green y una morocha perdidamente enamorada de mi pito es una combinación inolvidable.
Oh! veranos idos... ¿volverán a calentarme como entonces? ¿Dónde andarás morocha? Yo lo sé... y es una cagada saberlo... A veces es mejor ignorar...
Mierda con las mujeres...
domingo, 6 de enero de 2008
Ser Padres Hoy
lunes, 31 de diciembre de 2007
SMN
Lo mío es muy rastrero, muy barato. Lo reconozco. Hoy y los días que siguen serán fatales. Si no me creen sigan este link: ¿Vieron esos numeritos rojos que dicen 39, 40 y 41? Bueno, no se refieren a la cotización de los Bonos de la Deuda. Se refieren a las temperaturas máximas previstas por el Servicio Metereológico Nacional (SMN).
Considérese que esas temperaturas se miden en la estación del SMN ubicada fuera de la ciudad. Luego, para calcular la que nosotros realmente padeceremos en el centro rosarino, debemos sumarle unos cuatro o cinco grados más, por lo menos. A mí la cuenta me da por arriba de 45. No sé si me anda bien la calculadora.
Sumésmole a esta circunstancia dos hechos poco obviables: la llegada de familiares y los cortes de luz.
Ahora díganme si no es para cortarse los huevos con el lomo del DNI (el viejo, porque el que renové todavía está filoso).
Díganme si no es para invocar a todas las deidades pidiendo un poco de clemencia, argumentando que me porté bien, no falté ni un solo día al laburo, pagué todas las cuentas, ayudé a mis hijas a hacer la tarea y no voté a Cristina.
Ya sé, hay quien debe estar sufriendo más y por causas más atendibles. Yo igual me corto los huevos... con el capuchón de la Bic azul... con eso me los corto.
Considérese que esas temperaturas se miden en la estación del SMN ubicada fuera de la ciudad. Luego, para calcular la que nosotros realmente padeceremos en el centro rosarino, debemos sumarle unos cuatro o cinco grados más, por lo menos. A mí la cuenta me da por arriba de 45. No sé si me anda bien la calculadora.
Sumésmole a esta circunstancia dos hechos poco obviables: la llegada de familiares y los cortes de luz.
Ahora díganme si no es para cortarse los huevos con el lomo del DNI (el viejo, porque el que renové todavía está filoso).
Díganme si no es para invocar a todas las deidades pidiendo un poco de clemencia, argumentando que me porté bien, no falté ni un solo día al laburo, pagué todas las cuentas, ayudé a mis hijas a hacer la tarea y no voté a Cristina.
Ya sé, hay quien debe estar sufriendo más y por causas más atendibles. Yo igual me corto los huevos... con el capuchón de la Bic azul... con eso me los corto.
sábado, 29 de diciembre de 2007
Ajo y Agua
El 28 de diciembre es el último día del año para hacer trámites bancarios y similares. Prevenido como soy, hice todos los trámites lo antes posible para no tener que sufrir los aprietes típicos de la hora de cierre. Pero me quedó uno traspapelado. Boludo, como siempre, tengo que salir a atravesar el microcentro rosarino en pleno mediodía de diciembre. Me recago en mí carajo.
Para sumar incomodidades hay paro de Municipales. Luego, no hay inspectores que multen, ni guardia urbana, ni zorros grises. Ningún control. Entonces, la mayoría de los animalitos rosarinos se comportan como si estuviesen en la selva. Me cago en tus derechos, parece ser la consigna. Millones de vendedores callejeros cubren todas las veredas y peatonales ofreciendo unos recortes de cuero que lucen peor que la pija de un cerdo disecada. Ellos los llaman "artesanías". Se sientan en la vereda con sus patas mugrientas y sus ojos rojos de vino y porro y te miran pensando cuán pelotudo sos que tenés que caminar con papeles bajo el brazo a pleno sol, puteando porque no se puede avanzar.
Y no se puede avanzar porque millones de viejas sudorosas siguen comprando pelotudeces a cuatro manos. Caminan rodeadas de bolsas que les cuelgan de las manos transpiradas. Bolsas con todas esas marcas de shopping y promociones que me tienen las pelotas más infladas que un Zeppelin.
A la altura de Mitre (yo camino por Córdoba) la vieja puta que viene detrás de mí pela el celular y se pone a hablar. Grita de una manera que vuelve innecesario al celular. Su interlocutor la debe escuchar igual aunque esté a veinte cuadras. Grita y me salpica la oreja con su saliva ácida, vieja de mierda y la reputa que te parió conchuda, qué mierda comiste que te sale ese aliento me recontra cago en vos. Parece una nube de ajo la concha de tu hermana.
Trato de acelerar y despegarme pero es imposible. Hay tanta gente y putos artesanos que apenas se avanza. Si abro un surco hacia la izquierda la vieja aprovecha y sigue detrás de mí. Viene chupada a mi culo como un Fórmula Uno.
Para colmo, aparte de los artesanos, también coparon las baldosas los vendedores de mersadas como vinilos pintados con aerosol con la cara del Che, de Bob Marley, de Maradona, de Sabina. Cualquier mierda venden. Ropa deportiva trucha, gorritos con el logo de Nike, de Adidas... de ¡Armani! Venden camisetas de Ñuls, de Central, de Boca y de River. Hasta ahí lo acepto. Pero también ofrecen camisetas de los Giants de New York y de los Red Sox! Qué puto rosarino se puede comprar una camiseta trucha de los Red Sox me cago en la Arquidiócesis Rosarina!
Cuando cruzo Corrientes la peatonal se ensancha. Entonces, con más espacio, hago un amague hacia la izquierda y salgo violentamente hacia la derecha. Ni Messi lo puede hacer. La vieja del celular se come el amague y queda varada contra un kiosco de libros. Porque los rosarinos se la dan de cultos y tienen una editorial propia de libros rosarinos que no deben leer ni las hermanas de los autores. Pero el kiosco me sirvió para despegarme de la vieja del celular con aliento a ajo y caminar un poco más tranquilo los siguientes ochenta metros.
Al llegar a Paraguay me frena el semáforo para peatones. Cruzar esa esquina es más difícil que robarle los huevos a un águila. Entonces ocurre lo imaginado: la vieja me alcanza y sigue hablando a los gritos. Se está despidiendo. Hace dos cuadras que se está despidiendo la conchuda olorosa de mierda! Hay mujeres que tardan más en despedirse que en acabar. ¡Qué complicadas que son la reputa madre!
Me quedan dos opciones: o me suicido bajo el torrente de autos que circulan por Paraguay o me doy vuelta y le cago una trompada en los dientes a la vieja olorosa. Como siempre, no me animo a hacer ninguna de las dos cosas. Lo único que obtengo, en consecuencia, es un aumento de presión arterial y un chorro de acidez estomacal por sentirme más pelotudo, más mínimo y más basura que nunca.
Cuando el semáforo nos deja pasar la vieja se va para otro lado. Ya no habla detrás de mí. A esta altura me importa un carajo.
Para sumar incomodidades hay paro de Municipales. Luego, no hay inspectores que multen, ni guardia urbana, ni zorros grises. Ningún control. Entonces, la mayoría de los animalitos rosarinos se comportan como si estuviesen en la selva. Me cago en tus derechos, parece ser la consigna. Millones de vendedores callejeros cubren todas las veredas y peatonales ofreciendo unos recortes de cuero que lucen peor que la pija de un cerdo disecada. Ellos los llaman "artesanías". Se sientan en la vereda con sus patas mugrientas y sus ojos rojos de vino y porro y te miran pensando cuán pelotudo sos que tenés que caminar con papeles bajo el brazo a pleno sol, puteando porque no se puede avanzar.
Y no se puede avanzar porque millones de viejas sudorosas siguen comprando pelotudeces a cuatro manos. Caminan rodeadas de bolsas que les cuelgan de las manos transpiradas. Bolsas con todas esas marcas de shopping y promociones que me tienen las pelotas más infladas que un Zeppelin.
A la altura de Mitre (yo camino por Córdoba) la vieja puta que viene detrás de mí pela el celular y se pone a hablar. Grita de una manera que vuelve innecesario al celular. Su interlocutor la debe escuchar igual aunque esté a veinte cuadras. Grita y me salpica la oreja con su saliva ácida, vieja de mierda y la reputa que te parió conchuda, qué mierda comiste que te sale ese aliento me recontra cago en vos. Parece una nube de ajo la concha de tu hermana.
Trato de acelerar y despegarme pero es imposible. Hay tanta gente y putos artesanos que apenas se avanza. Si abro un surco hacia la izquierda la vieja aprovecha y sigue detrás de mí. Viene chupada a mi culo como un Fórmula Uno.
Para colmo, aparte de los artesanos, también coparon las baldosas los vendedores de mersadas como vinilos pintados con aerosol con la cara del Che, de Bob Marley, de Maradona, de Sabina. Cualquier mierda venden. Ropa deportiva trucha, gorritos con el logo de Nike, de Adidas... de ¡Armani! Venden camisetas de Ñuls, de Central, de Boca y de River. Hasta ahí lo acepto. Pero también ofrecen camisetas de los Giants de New York y de los Red Sox! Qué puto rosarino se puede comprar una camiseta trucha de los Red Sox me cago en la Arquidiócesis Rosarina!
Cuando cruzo Corrientes la peatonal se ensancha. Entonces, con más espacio, hago un amague hacia la izquierda y salgo violentamente hacia la derecha. Ni Messi lo puede hacer. La vieja del celular se come el amague y queda varada contra un kiosco de libros. Porque los rosarinos se la dan de cultos y tienen una editorial propia de libros rosarinos que no deben leer ni las hermanas de los autores. Pero el kiosco me sirvió para despegarme de la vieja del celular con aliento a ajo y caminar un poco más tranquilo los siguientes ochenta metros.
Al llegar a Paraguay me frena el semáforo para peatones. Cruzar esa esquina es más difícil que robarle los huevos a un águila. Entonces ocurre lo imaginado: la vieja me alcanza y sigue hablando a los gritos. Se está despidiendo. Hace dos cuadras que se está despidiendo la conchuda olorosa de mierda! Hay mujeres que tardan más en despedirse que en acabar. ¡Qué complicadas que son la reputa madre!
Me quedan dos opciones: o me suicido bajo el torrente de autos que circulan por Paraguay o me doy vuelta y le cago una trompada en los dientes a la vieja olorosa. Como siempre, no me animo a hacer ninguna de las dos cosas. Lo único que obtengo, en consecuencia, es un aumento de presión arterial y un chorro de acidez estomacal por sentirme más pelotudo, más mínimo y más basura que nunca.
Cuando el semáforo nos deja pasar la vieja se va para otro lado. Ya no habla detrás de mí. A esta altura me importa un carajo.
jueves, 20 de diciembre de 2007
Papanuel II
Estoy viejo y pelotudo. Ya lo sé. Pero a cada gil que le pregunto sobre las fiestas me responde más o menos lo mismo que pienso yo: Que son peor que un dolor de huevos. Que prefieren una fístula en el ano antes que tener que pasar cinco horas reunidos con padres y parientes.
¿Acaso son una hipocresía organizada estas reuniones? ¿Un complot universal?
Tengo un amigo que se va a gastar 20.000 dólares para irse a pasar navidad en Disney con las hijas. Me confesó que, en el fondo, la verdadera razón del viaje es que no soporta enfrentar a su familia en las fiestas.
No estoy descubriendo nada. Ya lo sé. Ya les dije que estoy viejo y pelotudo. Pero si no lo escribo y lo leo no me termino de convencer. Disculpen.
¿Acaso son una hipocresía organizada estas reuniones? ¿Un complot universal?
Tengo un amigo que se va a gastar 20.000 dólares para irse a pasar navidad en Disney con las hijas. Me confesó que, en el fondo, la verdadera razón del viaje es que no soporta enfrentar a su familia en las fiestas.
No estoy descubriendo nada. Ya lo sé. Ya les dije que estoy viejo y pelotudo. Pero si no lo escribo y lo leo no me termino de convencer. Disculpen.
martes, 18 de diciembre de 2007
Papanuel
Vienen las fiestas... tengo que acordarme de reponer Clonazepan. Varias cajas. Va a ser duro.
lunes, 17 de diciembre de 2007
The Devil Inside
¿Alguien me puede explicar cómo carajo se hace para vivir tranquilo teniendo hijas adolescentes en ésta época del año? Es decir: ya no tienen que ir a la escuela.
sábado, 15 de diciembre de 2007
wynona
El Tempranillo Nieto Senetiner está más que pasable. Lo conseguí a $ 9,33 la botella (comprando más de una caja, obviamente)
Ni en pedo les voy a decir donde queda la vinería con esos precios. Apenas cobre el aguinaldo me compro otras dos cajas. Hasta Reyes tiro con eso.
Bye.
Ni en pedo les voy a decir donde queda la vinería con esos precios. Apenas cobre el aguinaldo me compro otras dos cajas. Hasta Reyes tiro con eso.
Bye.
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